CÁCERES. JESÚS DELGADO VALHONDO



CÁCERES

Cáceres, te recorro
misteriosa y lejana:
sueños, gestos, silencios cargados con mis años.
Tarde: violeta pálida.

Mi madre, mis hermanos.
Ya sólo Juan. Mi casa.
Los surcos de la luna. El aroma de siempre.
La calleja soñada.

Mis amigos: la frente
del tiempo: las espaldas
del tiempo. Las esquinas esperan la memoria,
y al final, la Montaña.

Recorto cielos, torres,
rejas, sombras. El alma
del domingo. Vencejos que nacen de la piedra.
Dorada la espadaña.

Más cigüeñas y más
azul. Hundo miradas
en el fondo del aire, en la sangre vivida,
en las viejas palabras.

Cáceres vuela y vuelve
conmigo. A mi nostalgia
un niño cojo viene y alcanza la tristeza
al borde de mis lágrimas.



Jesús Delgado Valhondo (Mérida, 1909 – Badajoz, 1993). En 1918, muerto su padre, se traslada a Cáceres, donde conoce a los filósofos Eugenio Frutos y Pedro Caba, que le descubren la Generación del 98 y del 27 y lo alientan en sus comienzos poéticos. Como maestro da clases en Trevejo y Gata, adonde es desterrado después de la guerra civil por sus ideas republicanas. No obstante, logra contactar con grupos poéticos de toda España y publica su primer poemario (Hojas húmedas y verdes, 1944). En 1945 funda la revista Alcántara de Cáceres con Fernando Bravo, José Canal y Tomás Martín Gil. En 1946 se traslada a Zarza de Alange, donde también ejerce de practicante y recibe una carta del Premio Nobel Juan Ramón Jiménez alabando su poemario La esquina y el viento. Después ejerce en su ciudad natal de 1960 a 1965 y, finalmente, en Badajoz. En 1988, la Junta le concede la Medalla de Extremadura por sus méritos humanos, profesionales y literarios.

Valhondo gozó de un carácter muy abierto, sincero, cordial y campechano. Además, fue una persona comprometida con su condición humana y un extremeño de corazón. Su unitaria, coherente y extensa obra poética tiene un fuerte carácter existencial, filosófico y religioso, basado en su padecimiento de la poliomielitis. Su expresión es sencilla y coloquial (aunque concisa y elaborada) y su forma se adapta paulatinamente a los sucesivos movimientos de la poesía del siglo XX. Fue un poeta muy consciente de vivir y sentir en un lugar y en un paisaje llamado Extremadura; de ahí que su epitafio sea Ya soy tierra extremeña.

Su obra poética, que constituye la crónica espiritual de su vida, está formada por dieciocho poemarios: Canciúnculas, Las siete palabras del Señor, Pulsaciones, Hojas húmedas y verdes, El año cero, La esquina y el viento, La muerte del momento, La montaña, Aurora. Amor. Domingo, El secreto de los árboles, ¿Dónde ponemos los asombros?, La vara de avellano, Un árbol solo, Inefable domingo de noviembre, Inefable noviembre, Ruiseñor perdido en el lenguaje, Los anónimos del coro y Huir. En el año 2003, fue editada su Poesía completa (1930-1993) por la Editora Regional de Extremadura. También escribió libros de relatos: Yo soy el otoño, Cuentos y narraciones, Ayer y ahora, Cuentos y El otro día.




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